cambiar

Todos tenemos la capacidad de cambiar para mejorar nuestra vida y evolucionar. En ocasiones escucho decir “es que la gente no cambia”. No puedo estar más en desacuerdo con esa frase. Todos podemos cambiar. A veces las personas cambian sin darse cuenta (no siempre para bien). Otras (entre las que me gustaría incluirme) cambian a nivel consciente para ser cada vez “mejores”.

Si, lo se. La palabra “mejor” podría no ser demasiado adecuada. Está ligada a competitividad. Se supone que lo que ahora es “mejor” antes era “peor”. Pero no sé por qué palabra sustituirla en este contexto. Me centraré en su significado positivo. Mejorar en el sentido que algo se considera preferible, más adecuado o conveniente.

Es importante ser consciente de quiénes somos y qué queremos

Para cambiar y mejorar es imprescindible tener conciencia. Ser consciente de lo que vivimos, de lo que pasa a nuestro alrededor, del por qué nos sentimos como nos sentimos. De cómo nos comportamos de la manera en la que lo hacemos y por qué. Tenemos que mirar hacia nuestro interior.

Y, por supuesto, para cambiar debemos querer hacerlo. De nada sirve quejarnos de que todo va mal a nuestro alrededor, ni de que los demàs no cumplen nuestras expectativas. El cambio lo debemos hacer nosotros. Cambiar para mejorar nuestra vida.

Nos acostumbramos a vivir en la queja y a lamentarnos de que las cosas a nuestro alrededor no funcionan como deberían. Estamos casi siempre criticando a los demás porque hacen esto o lo otro. Como bien dice el refrán: Vemos la paja en el ojo ajeno y no vemos la viga en el nuestro.

La clave esta en mirar hacia dentro tratando de entender por qué ocurre lo que ocurre en nuestra vida. Entendiendo que la vida es un juego y que los demás nos hacen de espejo de lo que sucede en nuestro interior. Hacen consciente lo que llevamos escondido en el inconsciente.

Bienvenid@s al Reality Show de nuestra propia vida donde solo puede haber un ganador: nosotros mismos. El premio es ser feliz disfrutando al máximo la vida que vivimos para vivir aquella que anhelamos. Querer es poder.

Cambia tú y cambiarás el mundo

Cambiemos la perspectiva de lo que nos sucede. Como dijo Gandhi: Cambia tú y cambiaras el mundo.

Hace unos días soñé que organizaba una especie de taller en el comedor de la casa de mi abuela (fallecida hace unos años) en el que explicaba a los asistentes cómo lograr vivir la vida de sus sueños. ¡Como si yo lo supiera! Entre ellos había artistas de musicales, alguna de mis terapeutas, otras personas cercanas a mí que ahora mismo no recuerdo y algún desconocido. Se trataba de cambiar para mejorar nuestras vidas.

Les explicaba a los allí presentes que íbamos a lograr vivir eso que anhelamos, que íbamos a cumplir nuestros sueños. Y les daba una serie de «pasos a seguir» de los que ahora ya no recuerdo nada. Pero tenía claro que sabía cómo lograrlo. Empezábamos preparando una especie de mejunje con hierbas que debíamos beber y les pedía a todos traer consigo un diamante. Requisito que me pareció demasiado y que terminé por desechar.

Acabo de encontrar en internet que el diamante en la antigüedad era símbolo de poderes extraños y muchos lo utilizaban para su magia. (No seguiré profundizando respecto el tema, que me asusto yo misma.)

Supongo que mi sueño -como todos- tenía algo de revelador. Realmente estoy convencida que podemos vivir la vida que soñamos, pero para eso es imprescindible que cambiemos. Si seguimos igual, si seguimos reaccionando igual ante las mismas «provocaciones«, si no cambiamos nuestras rutinas, si no aprendemos nada nuevo… seguiremos teniendo la misma vida que vivimos, repitiendo las mismas situaciones aunque sea con diferentes protagonistas.

El cambio es una elección

Pero cambiar no es fácil. En primer lugar porque desde pequeños ya escuchamos aquello de «nunca cambiarás» a nuestro alrededor. En segundo lugar, porque no confiamos lo suficiente en nosotros mismos. Y en tercer lugar, porque no lo elegimos y no nos dedicamos a ello a conciencia.

Cambiar y evolucionar es una elección. Como todo en la vida.

¿Cómo puedo cambiar? Me preguntaréis. Si llevo toda la vida siendo igual, actuando igual, reaccionando de la misma manera.

Podemos cambiar siendo conscientes de lo que hacemos, de lo que pensamos y, de cómo reaccionamos ante determinadas situaciones que nos generan un conflicto, tratando de modificarlo.

Por ejemplo, cuando observo que mi pareja hace algo que no me gusta, en lugar de enfadarme, decírselo mal y comenzar una discusión sin fin, lo observo, detecto cómo me siento y, cuando esté más tranquila, trato de explicarle mis sentimientos desde un punto de vista calmado. O bien, lo dejo pasar tratando de comprender que esa es su manera de ser y centrándome en otra cosa.

Siempre podemos cambiar para mejorar las experiencias que vivimos

Recuerdo que hace años en algún lugar leí que una de las cosas que más nos irritan es esperar. Hacer colas en el supermercado o caravanas en la carretera. Explicaban que podíamos cambiar el enfado o la rabia que sentíamos en esos momentos tratando de «convertir» el tiempo de espera en algo beneficioso para nosotros. Intento aplicar esto siempre que puedo (y que lo recuerdo!) y cuando estoy esperando, trato de aprovechar para relajarme y escuchar música tranquilamente, llamar a alguien o mirar tranquilamente las redes sociales desde el móvil. Ya no me molesta tanto esperar. (En general, claro… siempre hay excepciones! Siempre hay ocasiones en las que nos cruzamos por lo que sea y no todo es tan fácil).

Lo que está claro es que ante una situación siempre podemos actuar de manera diferente. Siempre podemos tratar de ver las cosas desde otra perspectiva. Siempre podemos tratar de calzar los zapatos de la otra persona. No hablo de ponernos en su lugar, porque entonces actuaríamos siempre según nuestra manera de ser. Me refiero a situarnos en esa situación como si realmente fuéramos la otra persona. Tratando de entender cómo se debe sentir con sus circunstancias, su personalidad y con su bagaje.

Cuando hablo sobre esto con algunos amigos me dicen: «¿Y por qué tengo que ser yo quien cambie? ¿Por qué no puede ser la otra persona?«. Pues por amor propio principalmente. Para sentirnos mejor, tanto con la situación, como con nosotros mismos. Porque nosotros debemos asumir la responsabilidad de lo que nos ocurre, sin importarnos lo que hagan los demás. Y porque somos más conscientes. Simplemente.

Podemos escoger estar siempre quejándonos de los demás, o asumir la responsabilidad y tomar las riendas de la situación cambiando nosotros.

Aprender y salir de la zona de confort

El aprendizaje es también básico para el cambio. Aprendemos leyendo libros o artículos relacionados con aquello que nos inquieta para obtener nuevas perspectivas; hablando con personas que piensen de diferente manera a nosotros y nos permitan reflexionar; haciendo sesiones con algún terapeuta que nos acompañe en el trayecto; y tomando nuevos caminos. Haciendo cosas nuevas, saliendo de la zona de confort.

Sí, sé que algunos no soportáis esta expresión: «salir de la zona de confort». A mí misma me resulta bastante recurrente y me da una sensación de «obligación» que no me gusta demasiado. Podemos cambiarla por «investigar sobre la vida» o innovar en nuestras rutinas.

Lo importante es tener claro que todos podemos cambiar y evolucionar. Nunca es tarde para ello. Tengamos 20 o 60 años. Tan sólo hay que proponérselo.

Y no quiero decir con todo esto que haya nada malo en nosotros. Ni que no seamos perfectos tal y como somos. Quiero decir que siempre hay espacio para la evolución y que, si queremos sentirnos mejor y vivir una vida diferente, sintiendo más paz interior, nosotros tenemos la llave a través de nuestro cambio. ¡Todos podemos lograrlo!

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