No sé cómo os afecta a vosotr@os, pero a mis 44 años me estoy dando cuenta que una de las sensaciones que más dolor emocional me provocan es el «sentirme excluida». El sentir que «no pertenezco» o «sentir desconexión», sea referente a un grupo, a un equipo de trabajo, a tu familia o a tu pareja.

En general, los dolores que sufrimos son causados por heridas emocionales que tenemos desde la infancia. Hace tiempo que leo mucho sobre estos temas, pero a menudo me cuesta comprender ciertos conceptos. Necesito visualizarlos, de alguna manera y, en este caso, hago una analogía: De pequeña, era bastante patosa (bueno, y aún lo soy) y me caía a menudo y me hacía heridas en la rodilla bastante potentes. Imagino que una de esas heridas está sin curar y que, a veces, hay personas que, sin querer hacernos daño intencionadamente, meten el dedo en esas heridas y rascan… imaginaos el dolor!

En el fondo, las personas que nos hieren son «mensajeros» que nos hacen recordar que ahí tenemos una herida que no hemos sanado, y debemos dedicar un tiempo a curarla. No deberíamos culparles de nuestro dolor.

Ayer estuve viendo un vídeo en internet de Teal Swan sobre «Belonging» (Pertenecer) y me di cuenta de cómo tod@s necesitamos desesperadamente «pertenecer»… De cómo yo necesito pertenecer.

Dice Teal que «pertenecer» es una de las mayores frecuencias vibracionales en este universo, tal y como lo es «amar», y que es una necesidad básica de los seres humanos. Somos seres sociales y necesitamos sentirnos conectados unos a otros, no sentirnos completamente solos.

Ella dice que los humanos que se sienten solos mueren de manera similar a la que mueren las plantas si no son regadas. Pero sentirse solo nada tiene que ver con estar o no rodeado de gente. Podemos estar acompañados y sentir que no conectamos con las otras personas, que «no pertenecemos». Tenemos que sentir que una conexión «real» con ellas. Auténtica. Hay veces que estamos con personas, pero nos sentimos solos. 

Una de las cosas que me pasa a veces es que prefiero estar sola que compartir mi tiempo con personas con las que no siento ningún tipo de conexión, porque no me permiten ser realmente yo. O, mejor dicho, porque yo no me permito ser realmente YO ante ellas. Sea por miedo o por vergüenza.

Hay muchas otras veces que prefiero ir sola a algún sitio, antes que estar con personas con las que sienta que van a pensar que “sobro”. ¡Imagináos si es rebuscado el tema! Pero eso es por miedo a sentirme desplazada o excluida de ese grupo. Entonces me pongo mi “disfraz” de chica independiente y “rarita” y me voy sola a donde sea. Aunque lo que realmente me encantaría es sentir que “pertenezco” a ese grupo; pero no sé cómo hacerlo.

Casualmente, ayer hablaba con mi masajista sobre esto. Sobre cómo muchas veces preferimos estar solas antes que estar con gente. Ella también vive sola, como yo, y nos hemos construido nuestra propia guarida donde nos sentimos seguras y totalmente cómodas. Allí podemos ser nosotras mismas. 

Yo le decía que esa necesidad de huir de ciertas personas surge de nuestra falta de autenticidad. No podemos ser nosotras mismas o, mejor dicho, pensamos que no podemos ser nosotras mismas porque nos van a rechazar; y, en cierta manera, nos creamos una personalidad “a medida” de esas personas para ser “aceptadas”, para pertenecer.

Pero eso no surge porque sí, eso es un hábito que hemos desarrollado desde nuestra infancia. Empezando por haber creado una “personalidad” para ser aceptadas y queridas por nuestros padres… Porque quizás siendo como éramos, nos echaban bronca, o nos hacían callar… y, poco a poco, nos hemos ido transformando en lo que los demás esperaban de nosotras… Hasta que un día te das cuenta de todo y empiezas a descubrir… muy lentamente, que eres diferente y, tu verdadero yo, va saliendo. Con miedo, pero va apareciendo.

Tanto ella como yo hemos aprendido a convivir muy bien con la soledad pero, realmente, nos encanta sentir que “pertenecemos” Sin apegos. Con plena conciencia. Respetando nuestros espacios y nuestros caminos, pero siendo un equipo en todos los sentidos.

Un ejemplo de «pertenencia» muy bonito que ahora mismo me viene a la cabeza es el de la relación que muestra la serie de televisión ‘Anatomía de Grey entre Cristina y Meredith. La una para la otra son «su persona», esa en la que pueden confiar para todo. Aunque estén lejos, «se pertenecen». Saben que están ahí.

Según las palabras de Teal, “amar a alguien es tomar a ese alguien como parte de ti”. Es decir, «amar» y «pertenecer» van de la mano. Si tomas algo como parte de ti, te pertenece. Eh! Pero no hablamos de esa «posesión enfermiza» que genera tantos problemas en las relaciones… Hablamos de una «pertenencia» sana y equilibrada», de «hacer equipo», tal y como mencionaba en el artículo anterior.

Afirma Teal que uno de los problemas que tenemos es que nuestras relaciones -incluidas las de pareja- están ausentes de «pertenencia». Son relaciones totalmente condicionales. No tomamos  a la otra persona como parte de nosotros mismos, y en consecuencia, no consideramos sus mejores intereses como parte de nuestros mejores intereses. Los excluimos de nosotros. Lo contrario de «pertenecer» es la exclusión y el aislamiento.

Y dice también que la razón por la que algunas personas tienen tanta aversión a «pertenecer» es porque nunca han «pertenecido» realmente. Ciertamente, os diré que me resulta complicado entender muchos de los conceptos que intenta transmitir Teal en sus artículos y vídeos. Pero, creo «pillar» alguna cosa cuando consigo sentirme identificada con ciertas de las cosas que explica.

Por ejemplo, ella dice que un niño que aprende a sentir que «pertenece» a su familia y a su entorno abandonando quien es realmente y adaptando su personalidad para convertirse en lo que sus padres esperan que sea, hace que su personalidad se divida en dos: la persona que es, y la persona que se presenta ante el mundo.

Para «pertenecer» realmente, debemos de tratar de dejar de encajar en los lugares, y parar de intentar cambiar nuestra manera de ser para «pertenecer» y para tratar de «conectar» con personas que nunca nos incluirán realmente como parte de ellos. Debemos ser AUTÉNTICOS y mostrarnos tal cual ante el mundo. Sólo así encontraremos a personas con las que la pertenencia sea real.

Cuando perteneces “realmente” a alguna persona, a una amistad, una pareja o un familiar; o a un grupo de personas; la sensación de comodidad, de alegría y de tranquilidad total es fascinante.

Esas personas te aceptan y te quieren tal y como eres, con tus virtudes y tus defectos; y viceversa. Con esas personas puedes ser TÚ al 100%. Sin máscaras. Sin miedos. Te aceptan a ti y a tus circunstancias. Te abrazan y te incluyen.

Pero, a veces, tenemos miedo de “pertenecer”. Porque tememos perdernos a nosotros mismos, cuando nunca será así, sino todo lo contrario; o porque tememos que descubran cosas de nosotros que no nos gustan, y nos avergonzamos de ellas. A veces, excluir nos parece más seguro.

Os invito a reflexionar sobre vuestras relaciones y sobre vuestra autenticidad. Sobre aquellas en las que os pertenecéis; o sobre aquellas en las que los miedos o la vergüenza aún se interponen entre vosotros. Os animo a observar las maneras en las que rechazamos a las personas en lugar de incluirlas. Cómo aquello que decimos o hacemos hace que apartemos a las personas de nuestras vidas.

Mencionando nuevamente a Teal Swan, “tan sólo hay dos movimientos que observar en la vida: el movimiento de atraer algo hacia a ti o el movimiento de empujarlo lejos de ti. Podemos ser inclusivos y crear amor, unidad y pertenencia o ser exclusivos y crear soledad, exclusión y resistencia.” ¿Qué estamos creando?

Lo cierto es que nos necesitamos unos a otros. No podemos sobrevivir en soledad.