«Ya no hay miedo de decir TE AMO», dice Pablo Alborán en una de sus canciones. Pero sí hay miedo. Hay miedo a AMAR. Hay miedo a dejarse llevar por lo que el corazón siente… Aún hay miedo. Yo lo percibo a mi alrededor.

Dicen que atraemos a nuestro alrededor a personas que “vibran con nuestra misma frecuencia”, es decir, personas que viven situaciones similares a la nuestra, sea desde nuestra perspectiva consciente o inconsciente.

Quizás yo también tenga miedo a AMAR, aunque crea que no. Quizás tenga miedo a comprometerme, a vivir al 100% una relación y prefiera mantener mis momentos de soledad y de calma a entrar de lleno en una relación totalmente normalizada y visible. Quizás sea más fácil mantenerme en la posición de víctima y decir «es la otra persona la que no quiere» que admitir que realmente soy yo porque, las personas que aparecen en nuestras vidas y, especialmente, nuestras parejas, actúan como reflejo de nuestro inconsciente.

Hablar sobre «relaciones» y emociones es uno de mis temas preferido. Me paso horas hablando con amig@s sobre nuestras relaciones. Hablamos de ellas porque, teóricamente, no las podemos vivir como nos gustaría. Y nos quejamos. Nos quejamos de no poder pasar las horas que nos gustaría con la otra persona, de no poder vivir la relación abiertamente por un motivo o por otro, de no poder compartir «la vida» con la persona a la que amamos.

Nos quejamos y culpabilizamos siempre a la otra persona y a su miedo. Miedo a romper una relación que ya no le hace feliz, miedo a «salir del armario», miedo a cambiar de vida, miedo al compromiso… Buscamos siempre mil motivos por los que responsabilizar a la otra persona de nuestra situación de «pobres víctimas», de nuestra soledad, cuando es algo totalmente escogido. Y no nos damos cuenta.

No nos damos cuenta de que el tiempo que pasamos en soledad es un regalo. Y, a la vez, esas relaciones «poco convencionales» también lo son porque nos permiten vivir la magia del amor y su intensidad desde un lugar diferente al que estamos acostumbrados. Nos obliga a reinventarnos, a redefinir nuestro concepto sobre el amor y las relaciones y a aprender a disfrutar de nuestra soledad y auto-explorarnos.

En un primer momento no es fácil lidiar con la soledad. Está socialmente mal vista y queremos huir de ella a toda costa sea al precio que sea, ocupando nuestro tiempo libre con quien sea y como sea… Pero, poco a poco, si le dejas entrar en tu vida, si empiezas a descubrirla, y a conocerla, se convierte en tu mayor aliada.

La soledad nos permite explorar nuestras aficiones, nuestros hobbies y dejar que aflore nuestra creatividad. Nos permite aprender a querernos y fomentar la autoestima, iniciando un camino de autodescubrimiento que, de otra manera, no realizaríamos. Nos permite conocernos y saber con quién queremos y con quién no queremos estar y compartir nuestro tiempo libre. Nos permite saber a quién queremos a nuestro lado, acompañándonos en nuestro camino. Nos permite valorar aún más a la familia y a los buenos amigos y disfrutar de tiempo con ellos.

El gran regalo de estas relaciones «no-convencionales» es que nos permiten disfrutar del amor, a la vez que nos permiten descubrir soledad y a nosotr@s mism@s. Lo que pasa es que las queremos cambiar. Nos resistimos a ellas porque queremos ser «normales». Queremos tener una relación «normal», como todo el mundo. Queremos que todo el mundo sepa que estamos juntos, su familia y la nuestra. Queremos convivir con la otra persona, despertarnos cada mañana a su lado, poder pasar las vacaciones juntos, hacer planes de futuro… Y no puede ser. Porque (teóricamente) la otra persona no quiere.

Pero claro, si realmente quisiéramos una relación «normal», romperíamos la actual y buscaríamos a otra persona que fuera compatible con nuestros anhelos. O podríamos decidir seguir sol@s. Y no lo hacemos. ¿Por qué? Pues porque no queremos. Así de claro. Todo en la vida es cuestión de decisiones. Aún teniendo claro un sentimiento como el AMOR, podemos decidir cómo actuar con ese sentimiento. Decidir apostar por él o no.

Podríamos amar a alguien y dejar que siga su camino, ya que no es compatible con el nuestro. Pero muchas personas, como yo, hemos decidido amar a alguien cuya vida no es a priori compatible con la nuestra, y vivir esta relación como buenamente podemos. Disfrutando de los momentos que podemos compartir y aprendiendo a centrarnos en nosotr@s mism@s, ya que pasamos mucho tiempo en soledad.

¿Y si este tipo de relaciones «diferentes» fueran un aprendizaje que debemos realizar para aprender a ser más auténtic@s? ¿Y si fueran necesarias para poder llegar a tener realmente el tipo de relación con el que soñamos? ¿Y si debemos aprender de ellas? ¿Por qué siempre estamos luchando contra «lo que es» en lugar de aceptarlo y tratar de buscar lo positivo de cada situación?

La clave para poder aceptar y disfrutar este tipo de relaciones «no-convencionales» es estar a gusto con uno mismo. Es aprender a ser independiente, a focalizarnos en nosotr@s y en nuestros proyectos, tratando de no estar pensando cada dos por tres cómo estará la otra persona, con quién estará o qué sentirá. Tratando de no juzgar lo que hace o deja de hacer en todo momento.

No es fácil. No es nada fácil. Porque tenemos la tendencia a controlar, a querer saber, a apegarnos y a «desaparecer» cuando estamos en pareja. (Hablo por mí) Hemos de aprender a reinventarnos y a redefinirnos. A ser nosotras mismas solas, y con la otra persona. A saber quiénes somos. A no perder nuestra identidad ni nuestra autenticidad bajo ningún concepto.

Las relaciones de pareja más sanas son aquellas conscientes en las que dos personas totalmente independientes que se aman deciden vivir, disfrutar y cuidar ese amor, cuidándose también a ellas mismas. Pueden ser relaciones convencionales, o no convencionales. De hecho, lo que es convencional o no, lo marca la sociedad, la mayoría… Y cada vez abundan más estas relaciones «diferentes»… Como cada vez abundan más las personas que no tienen ninguna relación y están tan felices. Porque prefieren la soledad a una relación ocasional con un desconocido, o a una relación vacía y falta de pasión. Que viva la libertad por encima de todas las cosas!

Lo más importante es no dejar de preguntarnos cómo estamos. Que si decidimos estar solos, empezar a vivir o continuar viviendo una relación de pareja, sea del tipo que sea, nos haga sentir bien, nos aporte cosas buenas, no lo contrario. Que la relación nos ayude a crecer, que nos ayude a evolucionar. Que nos amemos tal y como somos, sin querer cambiar a la otra persona. Que expresemos cómo nos sentimos con ella, cómo nos hace sentir… lo que nos gusta, lo que no. Que nos comuniquemos y que seamos honestos. Que nos respetemos, por encima de todo. A nosotros mismos y a la otra persona.

El AMOR es maravilloso, es lo más bonito del mundo. Pero el miedo le sigue al acecho. Como dice Teal Swan, «El dolor es la naturaleza de una relación en un mundo en el que el amor es una práctica mucho menos común que el miedo». Así que debemos tratar de observar cuándo nuestros actos proceden del miedo y decidir transformar esos actos «nacidos del miedo» en actos «de amor». Pero esto no es fácil, porque no acostumbramos a analizarnos, y estamos acostumbrados a actuar desde el miedo, a protegernos y escondernos. Aunque nuestro corazón AME, nosotros podemos decidir racionalmente amar o no.

Aunque debemos ser conscientes que el AMOR no asegura una relación de pareja ideal. El amor es la base, pero la relación se debe cultivar y cuidar. Se debe escoger día a día.

Brindemos este 2020 por el amor, por las relaciones conscientes, por aquellas que suman, por las relaciones equilibradas, honestas y sinceras, llenas de pasión, de verdad, de comunicación, de honestidad y de mágicos momentos.