Es curiosa la vida… Pasas unos días maravillosos y de golpe, todo se para. Los días azules y luminosos de golpe se transforman en grises, sin más.

No sé vosotros, pero en esos días grises yo tengo la mala costumbre, o la tendencia de enfocarme más en aquello que me falta que en aquello que tengo. Mal hábito.

Me fustigo pensando en aquello que no tengo y me gustaría tener: certeza, seguridad, estabilidad… Aún sabiendo que son tres cosas imposibles de conseguir, ya que todo se rompe en un segundo sin poder hacer nada al respecto. Debemos aprender a navegar en la incertidumbre pues no sabemos nada con certeza, tan sólo que un día nuestra vida se acabará. Y no me quiero poner tétrica, pero es así.

En esos días empiezo a centrarme en todo lo que echo de menos, en todo lo que me gustaría tener en ese momento y no tengo… En resumen, me enfoco más en la carencia que en la abundancia.

Os puedo asegurar que he leído y sigo leyendo cantidad de libros de autoayuda, crecimiento espiritual, o como os guste llamarlos. He leído sobre «El poder del Ahora», sobre la importancia del mantenerse presente en el momento; sobre la Ley de la Atracción; sobre Mindfullness; sobre el karma, el perdón, el ho’oponopono, la autoestima… Pero hay momentos en que toda la teoría y todo lo que racionalmente sabemos se va al traste y nuestra mente sigue «machacándonos» o «boicoteándonos» en plan: «Pero mira cómo estás! Todo lo que haces no te sirve de nada, sigues ahí tirada en el sofá lamentándote de tu incapacidad para estar realmente bien.»

Somos nuestros peores enemigos en muchas ocasiones y no nos damos ni cuenta.

Nos han enseñado a eso. En términos generales, tenemos la tendencia de fijarnos en exceso en la carencia. Por ejemplo, a nivel económico, nos repetimos pensamientos del tipo: “me compraría esto, pero no puedo” o “cómo me gustaría viajar a … pero no tengo dinero” o “me encantaría hacerme cada semana un masaje, pero no me lo puedo permitir”. Todos esos pensamientos que vienen a nosotros de manera totalmente inconsciente frenan nuestra abundancia y no nos damos ni cuenta.

No dejamos de enfocarnos en aquello que no tenemos. No dejamos de frustrarnos por aquello que no tenemos.

Y, lo que no sabemos (o no recordamos) es que el FOCO en nuestra vida tiene una tremenda importancia. Un enorme poder. Aquello en lo que te enfocas persiste en tu vida, se regenera, creas más de ello.

Si supiéramos enfocarnos en aquello que valoramos en nuestras vida, en todo lo que tenemos, en todo lo que hemos logrado, y fuéramos constantemente agradecidos por cada una de esas pequeñas o grandes cosas, todo fluiría con mayor facilidad.

Todas esas personas que logran el éxito, que cumplen sus sueños, que triunfan, son aquellos que saben ENFOCARSE en lo que quieren. No se ponen piedras en el camino a ellas mismas, sino que se enfocan en sus objetivos sin más. Se enfocan en lo que quieren y desechan esos pensamientos destructivos que aparecen en nuestras mentes como pequeños monstruos.

Las personas que logran hacer realidad sus sueños son maestras en eliminar su propia resistencia al éxito. Son maestros en enfocarse en “lo bueno” en lugar de en «lo malo».

Cuando veo por televisión a Rafa Nadal jugar a tenis pienso en ello. Él es un ejemplo a seguir. Es un maestro en superarse a él mismo, en luchar, en nunca dar un partido por perdido, en lograr su objetivo. Sabe como nadie enfocarse en ganar cada punto.

Esta semana vi el espectáculo ‘Nada es Imposible’ de El Mago Pop y me emocioné al descubrir cómo el niño que fue Antonio Díaz ha logrado conseguir todo lo que un día soñó. Ha sabido enfocarse en ser un gran mago, que es lo que quería desde bien pequeño.

Me emociona terriblemente escuchar historias sobre sueños cumplidos.

Personalmente, puedo decir que he cumplido algunos de los sueños que he tenido a lo largo de mi vida, que he vivido algunas cosas que superaban mis mejores sueños pero aún me quedan sueños por cumplir. Decía El Mago Pop en su espectáculo que lo mejor de los sueños no es cumplirlos, es tenerlos. Quizás sea eso.

Quizás no sea tan grave tener días grises… Sin ellos, no tendríamos días luminosos. Lo que pasa es que las «reinas del drama» -como nos autodenominaba a ella y a mí hace unos días mi masajista Marta- somos especialistas en recrearnos en el dolor y regodearnos en él para tratar de sanar nuestras heridas más profundas. Lo vivimos todo con mucha intensidad.

Tampoco pasa nada. Debemos aceptarnos y amarnos tal y como somos. Lo que sí que es cierto es que, paso a paso, hemos de intentar cambiar pequeños hábitos que no nos resultan útiles, por otros que nos hagan mayor bien. Uno de esos es controlar el FOCO. Debemos tratar de enfocarnos en aquello que tenemos, en aquello que queremos, tratando de averiguar qué es lo que hay dentro de nosotros mismos que está tratando de evitar que logremos lo que anhelamos.

Aquello en lo que centramos nuestro pensamiento se hace presente en nuestras vida. Si pensamos mucho en los que nos falta, generaremos más falta de eso. Si nos centramos en nuestros problemas, haremos que crezcan. Focalicemos en positivo! ¿Cómo podemos hacerlo? Creando, escribiendo, cocinando, dibujando, realizando nuestro hobby, compartiendo, amando, divirtiéndonos, bailando, riéndonos… haciendo todo aquello que nos provoque alegría.

Finalizo el artículo con unas citas que nos recuerdan la importancia del enfoque:

  • «Es durante nuestros momentos más oscuros que debemos centrarnos en ver la luz» Aristóteles Onassis
  • «Las personas exitosas mantienen un foco positivo en la vida pase lo que pase a su alrededor. Se mantienen centrados en sus éxitos pasados en lugar de en sus fracasos pasados» Jack Canfield
  • «Recuerda siempre, tu foco determina tu realidad» George Lucas
  • «Focalízate en las posibilidades de éxito, no en el potencial fracaso»