Últimamente estoy teniendo muchas conversaciones con mis amig@s e incluso con algun@ de mis jefas y jefes sobre lo que implica “ser un buen jefe”.

A lo largo de mis 20 años de trayectoria profesional, me he cruzado con numerosos jefes. Algun@s poc@s excepcionales, otr@s aceptables y much@s otr@s sin demasiadas habilidades para ejercer tal responsabilidad.

Cuando utilizo la palabra «jefe» me refiero a cualquier persona a la que se le otorga la responsabilidad de «liderar» o «dirigir» un equipo. Ya sea un director en una empresa privada, en una compañía teatral o en una administración pública. Todos ellos deben liderar y coordinar un equipo de trabajo.

Ser jefe no es fácil. Básicamente porque las relaciones interpersonales no son fáciles y, en consecuencia, las relaciones laborales tampoco lo son, y menos aún cuando una persona debe «dirigir» a un grupo de trabajadores. Eso ya establece una diferencia entre ésta y el resto.

¿Qué es lo que diferencia a un «buen jefe» de un «mal jefe»? Responderé a esta pregunta basándome en mi propia experiencia, pues es lo único que tengo.

Un buen jefe debe confiar en ti, tratarte con respeto y «de igual a igual», dejando a un lado los egos y la jerarquía que se establece en los lugares de trabajo. Todos tenemos claro el lugar que ocupa el jefe en un equipo: está por encima en el esquema jerárquico de la empresa/compañía, asume responsabilidades y toma decisiones pero, a partir de ahí, eso no implica que deba tratar a su equipo con aires de superioridad. Simplemente, tiene unas responsabilidades diferentes al resto.

Evidentemente, eso implica que no debe utilizar esa situación de superioridad para pedir cosas que no tocan a los miembros de su equipo, ni hablarles con desprecio, ni hacer que bailen a su son, ni ordenarles que hagan las cosas al instante, ni que acudan a su llamada sin más cual perro falderos. Son compañeros, no sirvientes.

Un buen jefe debe CUIDAR a su equipo, con todo lo que esa palabra implica. Debe preguntarles con mayor o menor frecuencia cómo están, cómo se sienten y abrir sus puertas para escuchar cualquier duda, consulta o sugerencia que éstos puedan tener. Debe crear espacios y momentos para el equipo, para generar dinamismo, unión y «buen rollo».

Un buen jefe debe confiar en los miembros de su equipo, en su responsabilidad y en su profesionalidad y darles total libertad para desarrollar sus tareas, a su ritmo, sin que se sientan controlados ni presionados. Los trabajadores deben sentirse apoyados por su jefe, no vigilados por él o por ella. Deben acudir a él o a ella con confianza, no con miedo. Un buen jefe debe saber escuchar y saber delegar.

Cierto es también que un buen jefe debe también ser capaz de percibir y de detectar cuando algún miembro del equipo no está “a la altura” del resto o es “un elemento discordante”, sea por el motivo que sea, y tratar de mantener un equilibrio entre todos los componentes. También debe saber solventar las pequeñas rencillas o conflictos que se produzcan entre dos o varios miembro del equipo. 

Para mí esto es una de las tareas más complicadas a las que se debe enfrentar un buen jefe. Debe ser asertivo y decir cosas que probablemente no gusten a según quién. Debe tomar decisiones que pueden no gustar a todo el equipo y asumir las consecuencias.

Un buen jefe también debe dar la cara por su equipo. Siempre. Yo lo he visto hacer y me parece un acto de compañerismo, apoyo, confianza y respeto maravilloso. Es admirable.

Resumiendo podríamos decir que un buen jefe debe ser una «gran persona y un excelente profesional», es decir, debe ser humilde, buen comunicador, conocer sus límites y aceptarlos y, sobretodo, ser emocionalmente consciente y estar siempre dispuesto a mejorar y a aprender. Además de ser bueno a nivel técnico en su trabajo, tener conocimientos y saber aplicarlos.

Creo que el concepto «jefe» está contaminado por muchos motivos. Principalmente por razones históricas. Los «jefes» años, e incluso siglos atrás, eran castigadores, hacían mal uso de su poder y demandaban ser tratados con distinción. Muchas veces, hoy en día, hay empresas donde se sigue tratando a los jefes de «usted». Me parece totalmente clasista.

Pero es que me siguen pareciendo clasistas los tratos de cortesía. Para mí están pasados de moda, pero se siguen utilizando con mucha frecuencia.

El tratamiento de «Señor/Señora» procede de la Edad Media, del término «Señorío»: territorio dominado por el amo o dueño del lugar y al que se referían sus súbditos como «Señor». Ese tratamiento era una forma de mostrar su respeto por el dueño de la tierra (y en muchos casos no sólo respeto, sino que era una muestra de sumisión).

Pienso que el respeto no lo demuestra una palabra que antecede a un nombre. El respeto es algo fundamental entre seres humanos, es un valor, y debe tenerse ante todas las personas. Siempre. 

Tristemente, yo continúo percibiendo faltas de respeto de jefes hacia miembros de su equipo al creerse éstos que tienen el derecho de hacerlo. Gran error. La esclavitud hace tiempo que fue abolida, pero aún hay jefes que sienten que sus trabajadores son sus «sirvientes» de alguna manera. Esto debe cambiar.

Hablo de “jefes” pero me pasan también por la mente aquellas personas más o menos populares, que han alcanzado cierta fama y que se sitúan en una posición de superioridad inexplicable. El hecho de tener un “séquito” de personas trabajando exclusivamente para ellos, puede hacer que pierdan toda su humildad y empatía y se conviertan en narcisistas ególatras que piensan que el mundo gira en torno a ellos. No es así. 

Todos somos iguales, seamos reyes del pop, funcionarios o monjes budistas. Nuestro origen y nuestro final es y será el mismo. Simplemente “jugamos” un papel diferente en esta vida que -debemos tenerlo claro- tenemos el poder de cambiar. 

Navegando por internet antes de publicar el artículo, he descubierto que se diferencia entre «jefe» y «líder» (tal y como podéis ver en la imagen inferior), llamando «jefe» a lo que yo definiría como «mal jefe» y líder a lo que yo definiría como «buen jefe». Todo es cuestión de etiquetas, pero la palabra «jefe» no me disgusta; para mí tiene un tono simpático e implica cierta complicidad. En todo caso, como siempre, depende del significado que cada uno de nosotros otorguemos a cada palabra. De cualquier manera, pienso que el gráfico resume muy bien lo que quería transmitir en este artículo, así que, lo finalizo con él.