La confianza es vital para mantener relaciones sanas. Diría de hecho que es el ingrediente principal de cualquier relación de amistad y, evidentemente, de toda relación de pareja. Sin confianza, no hay nada.

Para mí la confianza está completamente ligada con el valor, con la honestidad y con la autenticidad. Siempre volvemos a lo mismo: A la autenticidad. Si no somos auténticos, no podemos ser honestos y, en consecuencia, no podemos ofrecer ni recibir confianza a/de los demás.

La confianza es un regalo de gran valor. Confiar en alguien es poner tu vulnerabilidad en manos de esa persona. Y, a la vez, que alguien confíe en ti, es saber que esa persona te está dando un valor extra, un valor que, a veces, no éramos ni conscientes que nos podrían otorgar.

Cuando alguien nos hiere o, mejor dicho, cuando nos sentimos heridos por algo que alguien ha hecho, lo primero que nos pasa es que perdemos la confianza en esa persona. Y volverla a recuperar es complicado. No imposible, pero complicado.

Para trabajar la confianza en un equipo o entre un grupo de personas, hay veces que algunos coaches proponen ese juego en el que hacen que una persona se tape los ojos y permita que otr@ compañer@ la guíe, confiando plenamente en que esa otra persona se ocupará totalmente de su bienestar durante el tiempo que dure el juego. Las pocas veces que he participado en algún juego de ese estilo, me he sentido muy cómoda, tanto confiando, como siendo confiada. Me parece una muestra perfecta de lo que supone confiar en alguien.

En el día a día, me resulta un poco más complicado confiar porque tengo miedo a que me hagan daño. No sé si os ocurre lo mismo. Aunque con el paso de los años me he convertido en una persona más abierta y confiada de lo que lo era años atrás; reconozco que aún me cuesta confiar plenamente en muchas personas.

Por otro lado, he aprendido a valorar a aquellas personas que confían en mí cuando no tenían por qué hacerlo. Y se lo agradezco enormemente, porque, de alguna manera, logran que me sienta bien sabiéndome depositaria de su confianza. Siento que me ofrecen un regalo.

A nivel laboral, siempre he valorado muchísimo a aquellas personas que han confiado en mí para hacer tareas que ni yo misma pensaba que sería capaz de hacer. En esos casos, saber que alguien a quien admiras confía en ti te proporciona un “chute” de adrenalina y de autoestima impagable. Esa confianza de la otra persona se transforma en confianza en ti mism@. Es mágico.

En una relación de pareja, confiar en la otra persona es básico. Debemos confiar que su bienestar es el nuestro; y nuestro bienestar es el suyo. Debemos confiar en su honestidad; y a la vez debemos ser 100% honestos y, sobre todo, debemos establecer “las reglas del juego” y confiar en que ambos las cumplimos para que nadie resulte herido.

En las relaciones de pareja tratamos con “material altamente sensible”, y muchas veces estamos con los “ojos tapados” y debemos asegurarnos que la otra persona nos tiene de la mano, controlando nuestra estabilidad, vigilando que no nos hagamos daño, como en el juego.

Confiamos nuestros secretos a amig@s asumiendo que no los compartirán con nadie. Les confiamos nuestras miserias, nuestras dudas e inseguridades aún sabiendo que podrían utilizarlo en nuestra contra. Les confiamos nuestros sueños, nuestros anhelos más profundos…

Necesitamos confiar en los demás pero, sobretodo, necesitamos confiar en nosotr@s mism@s. Confiar en que podremos conseguir aquello que nos propongamos. Confiar en que no nos fallaremos y, que si algún día, por algún motivo, nos fallamos, seremos capaces de volvernos a levantar. Confiar en que confiamos en quien debemos. Confiar en nuestro instinto y confiar en la vida, en que estamos yendo por el camino que debemos ir para aprender lo que tenemos que aprender.

Creo que una de las frases más bonitas que se le puede decir a alguien es “confío en ti”; y, a la vez, uno de las mayores muestras de autoestima que nos podemos ofrecer es confiar en nosotr@s mism@s. Así que, brindemos hoy por la confianza!