Esta semana una amiga retwitteó un post de la NASA en el que mostraba la fotografía más clara que se ha tomado del planeta Saturno desde la Tierra. Es la imagen que encabeza este artículo. Es hipnótica.

En esta imagen se pueden apreciar los anillos del gigante gaseoso en todo su esplendor. Según la propia NASA, la imagen forma parte de un ambicioso proyecto para estudiar las atmósferas de los planetas del sistema solar.

La fotografía fue tomada por el telescopio espacial Hubble el pasado 20 de junio de 2019. En ese momento Saturno se encontraba en su punto más cercano a la Tierra, a unos 1.359 millones de kilómetros. Tan cerca y tan lejos.

En cuanto vi la imagen pensé en la canción «Saturno» de Pablo Alborán, uno de los dos singles con el que lanzó su cuarto álbum de estudio ‘Prometo’ en 2017. Sé que el tema no tiene nada que ver con astronomía. Es una canción de amor… de un amor perdido. Pero en esa romántica canción Alborán juega con la idea de que en los planetas se viven aquellas vidas que no nos atrevemos a vivir en la Tierra. Y me gusta pensar que, si ahora hiciéramos un «zoom in» en esa fotografía de la NASA, podríamos ver a millones de personas viviendo esas vidas. Todas ultra mega felices.

«En Saturno viven los hijos que nunca tuvimos», dice Alborán. Recuerdo cuánto me gustó la canción cuando la escuché por primera vez. Me pareció muy dulce, aunque también muy triste.

Siempre me ha parecido triste que los miedos, los egos y factores externos eviten que dos personas que se aman de corazón tengan la relación idílica que podrían tener. Y cuando digo «idílica» no me refiero a «irreal» o «de ensueño», sino a una relación «real» y plena, de dos personas que se aman sin más. Una relación con momentos buenos, con épocas menos buenas, y con retos para superar. Pero en la que ambas personas siempre se suman.

Pero, en todo caso, son las personas implicadas quienes lo evitan. Sea por el motivo que sea. La cuestión, tal y como dice Alborán en su canción, es que no sabemos hacer las cosas de otra manera. Actuamos en cada momento de la mejor manera que podemos, según nuestro nivel de conciencia.

Realmente Pablo Alborán es un poeta. Sabe desnudar sus sentimientos en las canciones como pocos, y lo hace con temas melódicos, que llegan directo al corazón.

Disfrutemos de este «Saturno» y vivamos en La Tierra siguiendo sin dudas a nuestro corazón.


Vuelves, en cada sueño que tengo,
caigo de nuevo en tu red,
sé que tarda un tiempo
curarme de ti de una vez.

Tuve tantos momentos felices,
que olvido lo triste que fue
darte, de mi alma,
lo que tú echaste a perder.

Yo no quería amarte,
tú me enseñaste a odiarte,
Todos los besos que me imaginé
vuelven al lugar donde los vi crecer.

En Saturno viven los hijos que nunca tuvimos,
en Plutón aún se oyen gritos de amor.
Y en la Luna gritan, a solas, tu voz y mi voz,
pidiendo perdón, cosa que nunca pudimos hacer peor.

Tienes la misma culpa que tengo,
aunque te cueste admitir
que sientes como siento,
la almohada no suele mentir.

Y yo no quería amarte,
tú me enseñaste a odiarte,
todos los besos que me imaginé
vuelven al lugar donde los vi crecer.

En Saturno viven los hijos que nunca tuvimos,
en Plutón aún se oyen gritos de amor.
En la Luna gritan, a solas, tu voz y mi voz,
pidiendo perdón, cosa que nunca pudimos hacer peor.

Gritan, a solas, tu voz y mi voz,
pidiendo perdón, cosa que nunca pudimos hacer.

Cosa que nunca pudimos hacer peor.