La incapacidad entre dos partidos políticos de establecer un acuerdo para gobernar un país me hace pensar en la incapacidad que muchas veces tenemos para comunicarnos a una escala más pequeña.

La comunicación y el establecimiento de acuerdos son básicos para que cualquier tipo de relación fluya: ya sea laboral, política, amorosa o de amistad. Y, en ocasiones, no sabemos comunicarnos.

Hablo en primera persona porque a mi me pasa. En ocasiones no consigo comunicarme como me gustaría con personas a las que quiero. Imagino entonces lo complicado que debe ser comunicarse entre dos representantes de dos partidos políticos con el objetivo de liderar un país.

En las relaciones constantemente debemos de llegar a acuerdos en los que “las dos partes ganen”. Si una parte gana, y la otra pierde, en el fondo, las dos partes pierden. El problema, es que “el ego” a menudo nos hace querer ganar, querer tener razón, sin que nos importe nada más. Nos falta empatía. Nos falta ese “ponernos en la piel de la otra persona”. Pero no pensando como nosotros. Eso es muy fácil. Se trata de ponerse en la piel de la otra persona tratando de pensar como piensan ellos.

No entiendo de política pero, así, simplificando la situación, si dos partidos de una ideología cercana tienen la oportunidad de gobernar un país, porque han sido ambos respaldados por los ciudadanos para ello; debería ser relativamente fácil que se pusieran de acuerdo de manera que “los dos ganen” y, lo más importante, que los ciudadanos ganen.

En cambio, como niños, tratan de excusarse y culpabilizan al otro de no poder llegar a ese acuerdo. Me indigna, pero no me extraña, porque eso pasa muy a menudo en nuestro día a día. Supongo que algún día realmente entenderemos aquello de “la unión hace la fuerza”. 

El resultado es que no hay “matrimonio” de izquierdas. Prima el individualismo, los intereses de cada uno y no el interés común… Ya veremos qué pasará.

Para que las relaciones funcionen creo que es muy importante establecer un equilibrio entre los intereses de cada parte. La confianza y el amor son la clave. Hablo del amor en el más amplio sentido de la palabra. No me refiero al amor romántico, sino al AMOR. A ese sentimiento inclusivo y empoderador que une a las personas.

Llegar a acuerdos no debería ser tan complicado. El problema es que a muchas personas les cuesta ceder y moverse de su posición.
Llegar a acuerdos es la base para el trabajo en equipo. Es primordial que los integrantes del mismo se comuniquen, expresen sus opiniones, y puedan llegar a un punto en común. Que se sientan “a salvo” formando parte de él, que se sientan integrados.

Reconozco que yo tengo un punto individualista, de “ir por libre”, porque así básicamente puedo hacer lo que realmente me apetece pero, cuando he tenido que trabajar en equipo, creo que he podido hacerlo de manera fluida. Y me gusta hacerlo. Considero que soy bastante “facilona” y me adapto sin demasiados problemas a lo que opine la mayoría. Incluso alguna vez me han dicho que soy demasiado “complaciente”. No sé. Tampoco tengo la sensación de haber ido en contra de mí misma en exceso… 

Me gusta la palabra “equipo”. Tiene dos definiciones:

1. Grupo de personas que juega unido contra otro en una competición deportiva o en un juego.
2. Grupo de personas que se organiza para realizar una actividad o trabajo.

Me gusta la connotación que tiene de “ir todos a una”, de “trabajar” o “competir” por un bien común, por la victoria, o por el logro de objetivos marcados.

Me gusta extrapolar la palabra “equipo” a otras relaciones de mi vida. A las amistades, a la relación de pareja… Una pareja no deja de ser un “equipo” que se organiza para disfrutar al máximo de la vida, o para sortear las dificultades que se presenten de la mejor manera posible.

Ahora, con esta magnífica moda de los “escape rooms”, las familias y/o los amigos nos distribuimos en “equipos” para lograr superar los retos que nos propongan en 60 minutos y poder salir juntos de la sala a tiempo. Esa sensación de ir “todos a una” me fascina. Hacemos equipo, nos unimos, nos divertimos yendo tras el mismo objetivo. Y, tras pasar una sala, queremos tratar de superar otras con el mismo “equipo”, porque nos hemos compenetrado bien, hemos sido buenos aliados, hemos confiado los unos en los otros.

Ojalá hubiera más grandes “equipos” gobernando. De esos que se cuidan unos a otros, que trabajan por un bien común aunque tengan ideas totalmente diferentes. 

Os invito a que reflexionéis sobre vuestros equipos y los cuidéis, porque un buen equipo es un tesoro.