gatas

Este verano está siendo extraño. Los animales están ocupando un protagonismo muy especial en mis días, y no acabo de entender muy bien cómo ha pasado.

Bueno, sí, ha pasado porque yo lo he decidido. Pero, al tomar las decisiones, al ofrecerme para tener en mi casa a dos gatas durante un mes; y a cuidar a dos perros algunos días, no era consciente de la relevancia que estos animales tendrían en mi día a día; de la conexión que tendría con ellos o de cómo influirían en mi «rutina».

Por si fuera poco, la semana pasada falleció el gato con el que conviví durante trece años, el precioso Sunday.

Como sabéis, soy fiel creyente de las Sincronicidades y de los mensajes que nos da el Universo. Por este motivo estoy tratando de comprender qué significa todo esto. ¿Por qué este verano y, concretamente, este mes de agosto, estoy viviendo esto? ¿Qué debo aprender?

Me he dado cuenta que estos días estoy hablando más con animales que con personas. ¿Qué me está pasando? Supongo que si tenéis o habéis tenido animales, me entendéis porque también habláis con ellos, especialmente si vivís solos.

Los animales son el más puro ejemplo del amor incondicional y de la presencia absoluta. Me gusta creer que eso es lo que estoy aprendiendo estos días: a amar incondicionalmente y a estar presente en el ahora. 

Pero, que quede claro, amar incondicionalmente no quiere decir «todo vale»; el amor incondicional comienza por uno mismo e incluye el poner límites. Los animales nos aman, pero cuando algo no les gusta, son los primeros en quejarse: maullando, ladrando o huyendo. Ellos ponen sus límites.

Los animales saben cuando les estás ofreciendo la energía del AMOR de manera abierta y generosa; o cuando te invade el TEMOR. Cuando sienten AMOR se acercan a ti, confían en ti; cuando sienten tu miedo, huyen de ti o se enfrentan a ti.

Cuando sienten que ese amor que les estás ofreciendo es verdadero, confían plenamente en ti. Esa confianza, ese gesto absoluto de vulnerabilidad, es maravilloso.

Es muy difícil que las personas nos mostremos vulnerables y que nos pongamos -de forma figurada- así «panza arriba», como hacen los animales cuando confían plenamente en ti, y nos situemos en una posición en la que estamos totalmente «a merced» del otro. Muchas veces vamos con la coraza puesta, temiendo que nos «claven la puñalada» en cualquier momento.

Los animales tienen una sabiduría superior. Un instinto supremo. Te entienden sin hablar. Entienden tus miradas, tu estado de ánimo y tu tono de voz.

En el caso de los animales que viven en una casa o en un piso, su supervivencia depende totalmente de ti. Debes cuidarles, alimentarles y responsabilizarte de ellos. Tener un animal significa cuidar: Ponerle la comida, controlar que siempre tenga agua para beber, limpiar sus caquitas (o cualquier destrozo que pueda hacer) y hacerle compañía. Debes estar ahí para él. 

Muchas veces los animales se utilizan para llenar vacíos emocionales. Bueno… llenamos vacíos de numerosas maneras, teniendo animales es una de ellas. No entraré a discernir el por qué alguien decide tener un animal en casa. Pero sí que es importante saber que ello conlleva una gran responsabilidad. Hay que cuidar a los animales y no humanizarlos, sino tratarlos como lo que son para que se puedan desarrollar como tales.

Otro de los aspectos que ha tomado una vital importancia conviviendo con animales es el de la limpieza. Si ya estaba algo obsesionada con tener mi casa limpia, estos días ha sido extremo porque, además, me he tenido que «enfrentar» a «situaciones adversas», como el pelo animal y los olores. Sí, lo sé, había convivido años con un gato, pero admito que traspasé toda la responsabilidad de su limpieza a mi entonces pareja y, creo que hace algunos años no estaba tan obsesionada con tenerlo todo impoluto como lo estoy ahora.

Tener una casa limpia no sólo es necesario para mí, sino también para ellos. Los gatos y los perros pasan todo el día en el suelo: Se retuercen, caminan, se tumban. Ellos también necesitan que todo esté limpio.

La limpieza y el orden en un hogar son básicos, pues el exterior es reflejo de nuestro interior. Si no, que se lo pregunten a Marie Kondo

Respecto a vivir en el ahora, los animales son maestros de ello. Viven siempre en el presente. Nosotros tenemos tendencia a vivir en el pasado y echar de menos a alguien o alguna etapa concreta de nuestra vida; o a estar preocupados por algo que todavía no ha pasado. En el ahora, no hay nada que pueda preocuparte. Simplemente debes estar presente.

Los animales viven en el ahora. Tumbados, sentados, jugando, comiendo, durmiendo. Viven el momento. Nada más, y nada menos.

Vivir en el ahora es una de las grandes lecciones espirituales. De hecho, Eckhart Tollé y varios maestros espirituales basan todas sus enseñanzas en ello: en el poder del ahora. Los animales son los reyes del AHORA.

Ciertamente, observarlos da paz. Bueno, observarlos cuando están tranquilos da paz. Si juegan entre ellos me pongo nerviosa porque me da miedo que se hagan daño (esto del miedo es herencia familiar y aún no logro que se desvanezca); cuando te despiertan por la mañana un fin de semana que puedes dormir, tampoco es que me de demasiada paz; ni cuando un perro extra-cariñoso viene a lamerte todo el cuerpo… Pero en todo caso, son “mis problemas” y “mis historias”… Ellos están súper felices SIENDO, sin más.

Ellos son como son. No llevan máscaras pretendiendo ser quienes no son. Hacen lo que les apetece en cada momento. Si te gusta, bien… Si no, mala suerte! Pero no te queda más remedio que amarles tal y como son, porque son puro amor.